– Gracias.
– Mamá, ¿por qué no nos habéis dicho nada?
– Tu padre no me dejó. Ya le conoces. Quería hacer las cosas a su manera, como siempre.
– Mamá, nos tenéis para lo que necesitéis.
– ¿Tienes una cura para el cáncer de tu padre? Pues, entonces, ocúpate de arreglar tu vida, que bastante tienes.
– Muy bien.
– Mamá, ¿tú sabías lo del hijo de papá?
– Entre tu padre y yo nunca ha habido secretos. Siento que os hayáis tenido que enterar así.